El Epeyui

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Algo debía.

Según cuenta mi papá, eso solía decir la gente en Antioquia (mi abuela paterna incluida) durante la época de La Violencia cuando mataban a alguien conocido.

Ese es el tipo de mecanismo sórdido y vulnerable de defensa que los colombianos adoptamos para darle un falso sentido a nuestra realidad. Indefensos ante nuestro destino supuestamente intocable, crecimos y maduramos dejando morir nuestra empatía, sentido de pertenencia y nuestro deber moral.

Recientemente cumplí año y medio de no ver a mi familia, amigos, ni patria, y aun hoy sufro dolores fantasmas a diario de querer vivir en ambos países a la vez. Mi exilio, contrario al de miles otros, fue un exilio auto inflingido. Es decir, estoy acá por que quise.

Eso ya de por si me ubica en un grupo con una visión especifica del país, un grupo muy selecto que sufre ser colombiano y goza poder ser más que eso, un ciudadano del mundo.

En los últimos meses una sensación nueva me ha estado ocupando buena parte de mi día a día, en especial al darme cuenta que lo llevo sintiendo por bastante tiempo. Vergüenza, así es como la describiría con una palabra. Una vergüenza tan profunda que irradia a mi familia, amigos, pareja y profesión.

En un país donde casi un cuarto de millón de personas han muerto a causa de nuestra indiferencia a nuestra propia historia, que alguien haya podido mudarse al extranjero para poder seguir ejerciendo su profesión me parece… injusto. Cuando era niño solía jugar con un vecino que llego a esa casa por que sus papas no lo podían sostener. Esa fue la primera vez que, invitándolo a mi casa a jugar con el barco pirata y el castillo de Fisher Price, sentí vergüenza. Por qué yo sí, y el no.

Por que debería sentirme avergonzado de ser lo que soy a los 10 años, cuando ni siquiera sé que soy, mucho menos soy responsable de eso. Cómo justificarme ese sentimiento, cuando mis papás son el magnífico contraste de la clase media colombiana, ambos sin estudios universitarios, uno anhelando la lucha popular y el otro conocer el mundo y sus secretos, uno vendiendo manillas para vivir, el otro trabajando 18 años sin tomar vacaciones.

Luego, a los 14, un compañero del colegio fue asesinado for fuerzas del estado durante la marcha del día del trabajo. Una vez más, y ésta vez entendiendo lo que es morir en Colombia, sentí vergüenza. Años después un primo tuvo la misma suerte, esta vez por fuerza ilegales del estado (léase paramilitares). En ningún caso yo llegué a ser particularmente cercano a ellos, pero la vergüenza fue tal que no hablé con nadie de ello, y nunca fui al funeral de ninguno de los dos.

Años después, mi hermana empezó a recibir amenazas cuando trabajaba en Derechos Humanos cuando no tenía ni 25 años. De nuevo, una pena silenciosa me cubrió la boca agachó la cabeza.

Hoy, estando en el exterior, dentro del contexto histórico del proceso de paz, vuelvo a sentir esa vergüenza, y a diario. Y es hoy, 15 años después de haber sentido esto por primera vez, que lo confieso.
Les confieso a mis viejos amados que sentí vergüenza con mi país de haber podido ir al colegio, haber viajado (dentro y fuera de Colombia), de haber tenido todas las camisetas de todos los equipos que quise. Siento vergüenza de estar acá hoy día, y siento vergüenza de estar persiguiendo mi pasión.

Le digo a ese niño con el que jugaba, que sentí y siento vergüenza de haber tenido juguetes y papás, y el no. Le digo a mi compañero de colegio y a mi primo que siento vergüenza de estar vivo, cuando ellos no tuvieron opción.

Y al escribirlo caigo en cuenta de lo absurdo de lo que siento; ¿avergonzado de haber tenido una bella infancia?, ¿de haber ido al colegio y a la universidad?, ¿de tener papás?, ¿de estar vivo?

Es precisamente esa contradicción, ese razonamiento antinatural, que me compromete con millones de víctimas del conflicto en Colombia. Es un compromiso a ser honesto y consecuente en mi hacer y pensar, a aceptar mi parte y culpa en nuestra historia y destino como nación. Yo, también, soy culpable de los muertos, de los huérfanos, de la pobreza, de la desesperanza, de Bojayá, de Mapiripán, de las Bananeras, del Bogotazo, del genocidio de la UP. De amigos y familiares enterrados, de colegas desempleados, de compatriotas exiliados, de campesinos e indigenas, de bosques, páramos y sabanas.

Y lo soy por el simple hecho de existir, de ser colombiano. Yo, como todos, soy una célula en una porción de espacio-tiempo de éste mega ser colombiano que respira pólvora y tose dolor a diario, y aún así perdura en el tiempo.

Dejo la vergüenza atrás, y cargo mi culpa con orgullo. Yo soy la continuación de un proceso histórico de indiferencia y desconocimiento. En Colombia, y tal vez en el mundo, ser y tener se combinan en un sólo verbo, en un sólo sentimiento. Yo soy por que tengo una responsabilidad, y esa responsabilidad es lo que soy.

Esa lagrima que cae con cada foto de mi país, de mi familia, con cada arepa que me como, con cada bolero, con cada chiste. Esa nostalgia que se materializa sin pedir permiso me lleva hoy a decir lo siento.

A esos que llevan cinco décadas matándose, lo siento.

Al ejercito, a las guerrillas, a los que ponen los muertos y a los que los lloran, lo siento.

Soy tan víctima como los victimarios lo son, y soy tan victimario como las víctimas lo son. Con ésta paz, yo pido que a mí no me la den, que no la merezco. Con ésta paz quítenme la vergüenza y denme un propósito. La guerra es un ser tan misterioso como poderoso, y nos hizo a todos víctimas y victimarios con solo nacer.

A mis viejos pido disculpas, y espero entiendan que no me avergüenzo de que me hayan dado lo que me dieron, no lo resiento. Solo hoy es que el silencio de las balas en el campo nos deja oírnos a nosotros mismos, y entender quienes somos.

Desde hoy, hasta el ultimo de mis días, diré con franqueza que soy víctima y victimario, que esos muertos son míos, que esa pobreza es mía. Que mi nostalgia se extienda a todos los dolores, y que no me dé paz.

Nostalgia, dame propósito y dame un deber, de con simpleza entender que mi gozo no es sólo mío sino nuestro, que su dolor no es sólo suyo sino nuestro, que sus rostros son mi propio rostro, y que el destino es nuestro.

Mil y una veces me han enterrado, por que cada muerto soy yo mismo. Mil y una veces me despierto, por que ya hoy, todos estamos vivos.

Bosques europeos crecen mas rápido que nunca

Sapientia naturalem

Diferentes estudios sobre el calentamiento global a lo largo de las ultimas décadas han demostrado que el impacto de este sobre los ecosistemas en todo el mundo es mucho mas variable e impredecible de lo que inicialmente se hubiera pensado.

de79234552Fuente: G. Schütze/TUM

Recientemente un grupo de investigadores de la Universidad Técnica de Munich (TUM por sus siglas en alemán) liderados por Hans Pretzsch han publicado resultados que señalan el efecto que ha tenido el calentamiento global sobre los bosques en Europa durante los últimos 140 años. Para sorpresa de muchos, el estudio ha demostrado que de hecho los árboles en los bosques de Europa Central han crecido a una tasa mas alta que nunca, hasta 70% mas rápido que en la década de 1960.

Durante los últimos 60 años las especies mas dominantes en estos bosques (Picea abies y Fagus sylvatica) han mostrado aumentos en múltiples características asociadas al…

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El Ébola, lo que nos falta entender.

Sapientia naturalem

Dado el más reciente brote, ya para nadie es desconocido este nombrado virus. Su forma de transmisión, signos, síntomas, diagnóstico, prevención y todo tipo de datos e informes están al alcance de un click para quienes estén interesados en conocer más a fondo sobre éste y las letales consecuencias de su transmisión e infección. Sin embargo, hay datos que no se encuentran al alcance de todos y hay muchas dudas que se generan alrededor de tan peligroso agente infeccioso. Con esta entrada, queremos aclarar algunas de estas preguntas.

El primer reporte de la actual epidemia de la enfermedad del virus del ébola (EVE) se dio en marzo de este año y se sospecha que el paciente cero fue una niña de 2 años que habitaba en el poblado de Meliandou, Guinea. Más tarde, el virus se transmitió a otros integrantes de su familia y hasta la fecha, ha continuado su…

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Virus y murciélagos: Descubriendo el amanecer de los hijos de la noche

Sapientia naturalem

Escúchelos. Los hijos de la noche. ¡Qué música la que entonan!” escribió Bram Stoker en su emblemática novelan Drácula. Casi 120 años han pasado desde el nacimiento del murciélago como mito vampírico y apenas hoy día parecieran adquirir sentido y pertinencia estas palabras de una forma difícilmente predecible.

Durante las últimas décadas los innumerables brotes de enfermedades asociadas a virus hospedados por murciélagos han resaltado la importancia de entenderlos más allá de su aparente naturaleza, dándonos la oportunidad de traer a la luz una historia más antigua e interesante que la que se nos ofrece en la tradición de nuestra sociedad.

BatFuente: Vogel 2014 Science

Actualmente se han listado un total aproximado de 137 especies de virus asociadas a murciélagos, dentro de las que resaltan virus como el de la rabia, el Ébola y el SARS, los cuales representan más de 50000 muertes anuales. En este punto, antes…

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La reducción de la capa de Ozono y el calentamiento global, ¿hay alguna diferencia?

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Los resultados más recientes han demostrado que el agujero de la capa de ozono ha reducido su magnitud, viéndose aumentadas las concentraciones de ozono (O3) en la estratosfera y disminuida la concentración de CFC’s o clorofluorocarbonos entre un 10 y 15% desde su pico más alto, registrado en el 2000. Estos estudios son concluyentes respecto a la tendencia de recuperación de esta capa tan importante para la vida en la tierra.

Por otro lado, el boletín de gases efecto invernadero del reloj atmosférico global (GAW), reportó que el 2013 fue uno de los años con mayor incremento en partes por millón (ppm) de dióxido de carbono en la historia de estos registros, habiendo aumentado 2.9 ppm en comparación con la anterior medición de 2012, el incremento anual más alto  reportado desde 1984. Los modelos de predicción muestran que para el 2015, se habrá superado la línea límite de 400 ppm…

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Razas humanas y Nicholas Wade: La herencia de un problema

Una buena e interesante iniciativa de aproximarse al mundo de la ciencia desde una perspectiva más humana

Sapientia naturalem

Un intento, indudablemente imperfecto, de disipar el miedo al racismo que cuelga sobre la discusión de las diferencias entre los grupos humanos”. De esta forma se consigna el propósito del libro más reciente del periodista científico Nicholas Wade, “A Troublesome Inheritance: Genes, race and human history” (Una Herencia Problemática:Genes, razas e historia humana).

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Pedigree del Hombre, Ernst Haeckel (1874)

 Wade es conocido por haber trabajado como escritor y editor de revistas del nivel de Nature (1967-1971) y Science (1972-1982), posterior a esto se integró al New York Times donde trabajó durante 20 años en la sección de ciencia, hasta su retiro en el 2012. Otras de sus obras son Before the Dawn: Recovering the Lost History of Our Ancestors (2006) y The Faith Instinct (2009).

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Los lectores deben estar completamente al tanto de que a través del capítulo 6 hasta el 10, están dejando el mundo de…

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“AFK”

La aparentemente mágica e inagotable expansion de la tecnología durante los últimos 15 años ha potenciado la capacidad de compartir y adquirir información a una escala mundial, sin embargo (dejando cierta sospecha), este fenómeno no se ha hecho presente en permitirnos conocer de una manera concreta y veraz, los artificios detrás de esa extraña simbiosis entre conocimiento y metafísica. Afortunadamente (para algunos) o desafortunadamente (para otros) en los últimos tres años han salido al público una serie de documentales que por encima de su calidad cinematográfica, señalan la esquina que debemos doblar para encontrar algunas respuestas.

El primero de estos es We Are Legion: The Story of Hacktivists. Este documental estrenado en 2012 detalla paso a paso la historia y evolución del movimiento conocido a nivel mundial como Anonymous. Trasportándonos al cDc (Cult of the Dead Cow) y la plataforma 4chan, eventos claves en el nacimiento del Hacktivismo, y pasando por controversias como la disputa con Hal Turner, el “Project Chanology“, y el EDT, Brian Knappenberger desteje metódicamente el complejo y aparente anárquico accionar de este movimiento hasta su posicionamiento como una organización descentralizada y reaccionaria de carácter mundial (“Operación Payback“) y su posterior seccionamiento (surgimiento del grupo de hackers LulzSec).

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Al haber visto We Are Legion, y siguiendo el transcurrir de la actualidad mundial, quise profundizar un poco mas en esta nueva cultura clandestina del Hacktivismo, encontrando el segundo documental de la lista. We Steal Secrets: The Story of WikiLeaks es un documental del director Alex Gibney estrenado en 2013 que sumerge al publico en la tumultuosa historia de Julian Assange y WikiLeaks, el caso de Bradley Manning y la filtración de casi medio millón de documentos confidenciales del gobierno de Estados Unidos sobre las guerras en Irak y Afganistan. A pesar de que el relato del documental tiende a divagar sobre las excentricidades y escándalos de Julian Assange, a nivel general el documental ofrece una visión mas profunda y crítica de todo lo sucedido luego del “Collateral Murder“.

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Un juicio por un total de 13 millones de dólares, cuatro demandados y la historia de la red de intercambio de archivos mas grande de la historia. The Pirate Bay: Away From Keyboard de Simon Klose fue estrenado en el 2013 y gira en torno al juicio que afrontaron los fundadores de The Pirate Bay por derechos de autor y piratería frente a compañías de Hollywood como MGM, Warner Bros. y 20th Century Fox. Con solvencia y propiedad este documental nos introduce al portal y buscador de internet que para 2012 manejaba el 40% de toda la transferencia de archivos en la internet, contando con mas usuarios que Twitter y Facebook combinados, planteando un debate acerca de la manipulación e interpretación de los derechos de autor por parte de las grandes multinacionales y su lucha contra iniciativas ciudadanas anti-privativas como TPB.

 TPB AFK

Brian Knappenberger vuelve este año con The Internet’s Own Boy: The Story of Aaron Swartz, documental acerca de la vida y muerte de Aaron Swartz, hacktivista genio de la computación cofundador de Reddit, una de las primeras y mas exitosas plataformas de redes sociales de la internet, y el posterior descubrimiento de su suicidio a los 26 años de edad. Esta vez Knappenberger no solo nos introduce en las acciones de un habilidoso hacker, sino que nos desvela la realidad filosófica, política y social del “Hackitivismo”, en su lucha con la libertad de expresión, los derechos de autor y la piratería.

Aaron Swartz

Sin importar si eres un gran entendido de la computación y la programación, o si al oír del proyecto GNU o de los lenguajes C o S en lo único que piensas es en el desuso del alfabeto, darse la oportunidad de ver alguno (o todos) de estos documentales les permitirá entender de que forma el mundo hace a la internet y la internet hace al mundo.

Si se desea ahondar en el tema recomiendo otra serie de documentales que no he incluido en esta lista:

Good Copy Bad Copy

Downloaded

Connected

We Live in Public

La soledad más amarilla

Pasado casi mes y medio la idea de escribir algo acerca de Gabriel García Márquez (y no me atrevo a llamarlo Gabo) aún no me ha abandonado, habiendo visto innumerables notas, reportajes, reseñas y entrevistas en este tiempo, no veo que más se pueda decir del único Nobel colombiano (el primer latinoamericano), y habiéndome decidido a sentarme a escribir preferiré no hablar de él como persona o ni siquiera como escritor, ni siquiera me referiré directamente a él. Retomando solamente algunas palabras de él, el que hablo de la soledad de América Latina, trataré de hablar de la soledad de García Márquez.

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Sin poder diferenciar si es producto de mi sugestión o de algún azote de las tendencias, me he encontrado más de una vez preguntándome porque me encuentro con tantas caras que me lo recuerdan a él. Versiones jóvenes, adultas y ancianas de su bigote y su pelo encrespado se me aparecen en la calle y mientras se alejan me van dejando una sensación un poco diferente al luto o al orgullo patrio. He ido descubriendo una pregunta ¿Fue su visión de la soledad de América Latina solo una proyección de su propia soledad?

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Por supuesto que he leído algunos de sus libros (no me atrevo a decir que la mayoría) y no cuestionare su habilidad y su impacto a nivel literario, pero me cuestiona pensar porque alguien que basó toda su obra literaria en su país (nuestro país), decide basar y terminar su vida en otro. Investigando un poco descubrí que vivió aproximadamente 30 años en México, y aunque no niego el encanto y el conjuro que tiene México como país y como cultura, yo como colombiano siento cierta distancia hacia ese hecho, hacia él, siento una brecha que lo separa de las ciudades, de los campos, de los ojos y oídos de esta gente, de mi gente (¿nuestra gente?) que somos los colombianos.

¿Sera acertado decir “nuestro Nobel”?

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Yo personalmente no puedo hacerlo, no lo siento mío, es una figura esquiva para mi, borrosa, un tanto indiferente, otro tanto rechazada, desterrada, incomprendida. Es ese padre que después de 30 años viene del extranjero a visitar a su hijo, y yo soy ese hijo que pese a que sabía de su existencia y lo había visto, luchaba por hacerlo palpable; y al momento de hacerse material y real se siente desconcertado, vacío, sin palabras y en soledad.

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Haciendo recuento de los varios homenajes que le realizaron en Bogotá (mi ciudad) pude encontrarme su rostro en vallas, en revistas, en la televisión, en el cine, en ferias, en iglesias, en librerías y en bibliotecas, y aun así cada vez que lo veía trataba de detenerme a identificar algún rasgo en su rostro que estuviera también en el mío, que nos identificara, que nos separara e hiciera ineludible nuestro nexo, García Márquez padre de los símbolos contemporáneos colombianos, portador de ese premio que tanto nos enorgullece y nos une.

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Pero aun así… ¿Quién es él?

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Tratando de cerrar esta idea que tanto me ha costado estructurar he llegado a una respuesta y posible conclusión, no sé quien es García Márquez (y lo digo en presente porque como bien él sabía si algo identifica al colombiano es su dote para mantener vivos a los muertos) y no sé cómo sentirme frente a él, no sabría como referirme a él ni como presentarme ante él. Parado en la plaza de Bolívar oyendo el Réquiem de Mozart sentí un escalofrío que por fin logró conectarme de alguna forma con él, esta soledad que siento frente a él, es solo el reflejo de una soledad que él sintió en 1982 mientras hablaba de la soledad de un continente, una soledad que lo llevó a acabar su vida lejos de la materialización de su obra, una soledad que nace décadas antes de ser sentida, soledad que está enraizada en los Andes y en las costas, en la ruana y el vueltiao, en la Maloca y el chinchorro, en el porro y el Sanjuanero.

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La soledad de América Latina es mi soledad, es la soledad que ahora creo ver en el rostro de Gabo, es nuestra soledad, esa que lo vuelve mi Aureliano y a mí su José Arcadio, esa soledad tan concurrida y tantas veces cosechada que nos vuelve una familia desde los abuelos Stepansky, Mutis, Vallejo, González, Silva y Jacob, llegando al primo Vásquez, la prima Restrepo, el primo Ungar, el primo Gamboa, el primo Madiedo o el primo Caicedo (y la lista puede seguir).

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Esta soledad es la que al mirarnos entre nosotros nos hace olvidar nuestros orígenes y nuestros parentescos, y a su vez nos acerca lo suficiente para poder finalmente, con todo el cariño y respeto, dedicarle mi soledad más profunda y mi sonrisa más amarilla a papa Gabo.

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Camilo López Aguirre

Los escenarios de la justicia en el cine: El caso McQueen-Fassbender

En el mundo cinematográfico recurrentemente surgen relaciones simbióticas entre directores y actores que a través de los años maduran, envejecen, se divierten, y sobre todo nos sorprenden. Casos como estos podemos resaltan de primera mano los de Tim Burton y Johnny Deep, y el de Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio, pero en este caso quisiera señalar una que me ha resultado particularmente beneficiosa para mi ocio, esta es la de Michael Fassbender y Steve McQueen.

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Esta saltó de manera especial a la luz del público después de la temporada de premiaciones cinematográficas de este año en las que como es sabido para muchos, “12 Years a Slave” fue la película que más reconocimiento obtuvo. Película dirigida por Steve McQueen, director británico de 44 años que le brindó a Michael Fassbender uno de los papeles mejor interpretados en mi opinión personal de su carrera, el esclavista y evangelizador Edwin Epps.

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Al terminar de ver esta película reconocí a Fassbender como uno de los mejores actores europeos contemporáneos de los que he visto (que fuera de sus papeles más comerciales en películas como la saga de X-Men, Prometheus y 300) me ha brindado momentos muy agradables sentado en el sofá detrás de la pantalla viendo películas como “Inglourious Basterds”, “The Counselor” y “A Dangerous Method”. Sin embargo fuera de todas las anteriormente mencionadas hay dos producciones en las que él desempeñó el papel principal, las cuales (sin mayor sorpresa) resultaron ser resultado de esta simbiosis McQueen-Fassbender, estas producciones son “Hunger” (2008) y “Shame” (2011).

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En “Hunger” haciendo uso de la tradición irlandesa de Fassbender McQueen retrata la historia de un líder comunitario (Bobby Sands) que inicia un movimiento de protesta en una prisión de Irlanda en la que un grupo de prisioneros miembros del I.R.A (por sus siglas en inglés “Irish Revolutionary Army”) entran en una huelga de hambre reclamando a la corona inglesa estatus de prisioneros políticos.

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Por otra parte “Shame” relata la lucha personal de un ejecutivo bien acomodado adicto al sexo (Brandon), lucha que lo lleva a una vida solitaria alejada de cualquier conexión humana como resultado de su autocrítica y reconocimiento de su adicción como algo de lo cual debe avergonzarse profundamente. Esta sensación autodestructiva entra en conflicto cuando las pocas relaciones sociales que sostiene lo llevan a chocar contra al libre albedrío humano.

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Fuera de entrar en detalle en los argumentos de estas tres películas las cuales recomiendo fuertemente para ser vistas, me gustaría enfatizar en una línea de pensamiento que sin importar si solo hace sentido para mi, vale la pena mencionar. Los tres papeles de Fassbender retratan en tres marcos diferentes, una de las condiciones más inherentes de la experiencia humana, la lucha por el sentido personal de justicia. De esta forma en el papel de Bobby Sands, Fassbender construye un primer escenario en el que la búsqueda de justicia se centra en enfrentarse a un actor externo (en este caso en un marco político) buscando la retribución de un sentido de justicia de nación.

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En un segundo momento, Brandon nos envuelve en la lucha ética y moral en la que un adicto al sexo se cuestiona así mismo a tal punto que la aceptación de la moral de terceros es un reflejo de su propia aceptación como individuo (justicia dentro de un marco individual). En “Shame” McQueen nos presenta un Fassbender que a través de un sentido egoísta de justicia, simultáneamente se vuelve víctima y victimario de sí mismo como resultado de la influencia de un personaje etéreo en la vida en sociedad, la presión social.

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Para finalizar, en la producción más reciente se nos presenta un Fassbender que transgrede él sentido de justicia social dentro de una plantación esclavista haciendo uso de herramientas religiosas y tradicionalistas (marco social y religioso de la justicia), que aunque el personaje pueda llegar a mostrar ciertos momentos de duda y ambivalencia, su lucha se centra en someter los derechos de un grupo de esclavos afroamericanos, consecuencia de una angustia por conseguir su propio sentido de justicia, basado netamente en el mero hecho de negar la justicia a otros.

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En resumen, la simbiosis McQueen-Fassbender es una relación que sus productos cinematográficos son bastante degustables, tanto a nivel individual entregándose a la lógica de cada película, como a tratar de seguir un hilo conductor que a través de estas películas, nos enseña a rechazar y a identificarnos en esa balanza erráticamente equilibrada que es la justicia.

Camilo López Aguirre

La Séptima: Germán y su “Hembra”

Resulta difícil dimensionar la influencia que llegan a tener sitios y momentos en la vida, desarrollo y muerte de una cultura, la trascendencia de estos se subestima al tomar como referencia su importancia funcional, y pocas veces se retoma la idea de que estos trazan y facilitan el marco que desencadena lo que recientemente he venido a descubrir los expertos definen como “multitudes psicológicas o ideológicas”. Con todo esto en mente me pareció justo y prudente recorrer una vez más un sitio de Bogotá que es familiar para todos los que vivimos en ella, pero aun así muchas veces poco apreciado, La Carrera Séptima.

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Recorriendo una y otra vez un tramo que comprende aproximadamente 2 kilómetros (desde La Playa de Bolívar hasta el Planetario Distrital), que podría considerarse el tramo más emblemático de esta, repaso sitios que para esta avenida pudieran parecer simplemente una calle o una esquina mas, pero aun así se han reconocido a sí mismos como lunares y cicatrices en la piel que recubre, envuelve y da forma a la historia de Bogotá y en parte de toda Colombia. Eventos como el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y el posterior Bogotazo, el incendio del Almacén Vida, y centenares de protestas civiles y desfiles públicos dejaron un susurro sutil en la memoria de los bogotanos que nos hace tener una admiración silenciosa hacia “La Séptima”.

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Sin embargo, al encontrarse inmerso en ella, es difícil no dejar a un lado su historia pasada para saborear su historia presente, se vuelve inevitable no reconocerse a sí mismo al andar e ir encontrando caras, olores, y formas de vidas sencillas, vidas que en principio no son más que eso, vidas. Vendedores ambulantes, habitantes de la calle, policías, estudiantes y trabajadores eventualmente se van volviendo cómplices de mantener con vida el miedo, la magia y el misterio que significa La Séptima y todo lo que sostiene en ella, una espina dorsal que calle a calle se ramifica penetrando la piel, la carne y el hueso, expandiendo su red nerviosa por todo ese sistema social del que uno hace parte y aun así mas de una vez se pregunta cómo sigue funcionando, si aun funciona… o incluso, si alguna vez habrá funcionado.

Pero por encima de todo esto, esta historia en realidad no es acerca de una calle, ni de una cultura o una ciudad, de un sitio o un momento particular, y por supuesto, no es mi historia. Esta es la historia de Germán…

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Un tarro de plástico y una lata gastada se encargan de recoger el producido del día que, sin importar cuanto sea, y sin dudarlo, cada vez que alguien se acercaba y depositaba algunas monedas (eventualmente uno que otro billete de 1000 y 2000) Germán se tomaba un momento para levantar la cabeza desde el piso, y con una mirada perdida y sin pretensiones decía: Gracias.

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Armado con un paquete de tizas viejas y ya a punto de acabarse, un libro gastado de historia del arte, patrocinio de una producción especial de un periódico nacional, y una patineta pequeña color verde Germán se desplaza por el pavimento de La Séptima inquieto e insatisfecho frente a lo que empezaba a levantarse del piso, entre colillas, hojas secas y polvo de la ciudad. Trazos negros, rojos, azules, verdes y blancos le dan una gracia a ese trozo de avenida que resulta inevitable no detenerse y sorprenderse por un instante, en mi caso ese instante, para mi sorpresa, resultó ser cerca de dos horas.

-¡Esa es la hembra del billete de 10!-

Oí vagamente un grito que provenía de la avenida (haciendo referencia al motivo del billete de 10000 COP, la emblemática protagonista de la independencia colombiana Policarpa Salavarrieta, conocida comúnmente como “La Pola”.

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Con el paso del tiempo a medida que uno se vuelve un visitante recurrente de este tramo de La Séptima en el centro de Bogotá, se va familiarizando esporádicamente a toda clase de gritos y exclamaciones de ira, gozo, júbilo, sorpresa y tristeza.

-¡Esa es la hembra del billete de 10!- vuelvo a oír, prestando un poco mas de atención.

Un habitante de la calle, al igual que yo, se toma el tiempo de contemplar una figura paciente e insaciable que repta por el suelo en medio de una nube colorida de polvo de tiza y polvo de ciudad. Germán levanta la mirada buscando al vocero que hacia la declaración, lo mira un segundo, y sin perder el foco, muestra una pequeña sonrisa mientras vuelve su mirada al piso, y continúa trabajando. Unas cuantas sonrisas (incluyendo la mía) levemente se levantaron entre los que estábamos para presenciar el encuentro y darle su ración de humor a la escena. Resultó ser que para este caso en particular la figura femenina que se proyectaba hacia nosotros era, en realidad, La Mona Lisa.

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Luego de lo que pudieron ser 45 minutos vi la oportunidad para acercarme a Germán mientras compraba un “tinto” a una vendedora con un carrito a dos ruedas (me daba algo de pena interrumpirlo mientras trazaba unos rizos negros y rojizos para forzarlo a tener una conversación conmigo), tratando de mantenerme sereno me acerque un poco ansioso a la encarnación de un personaje incognito que desde hacía unas semanas me percaté había estado dejando tatuajes temporales sobre la antes conocida como Calle Real.

La conversación no tuvo una estructura definida, ni siquiera importó en su momento presentarnos formalmente, hablamos acerca de los sitios que ha conocido, los que planea conocer, cuanto se tomaba para quedar conforme con su trabajo, el inconveniente del carbón húmedo para fijarse en el cemento y de la natural inconformidad de los artistas hacia sus propias creaciones. Aunque es innegable que La Mona Lisa lleva indeleble el apellido da Vinci, creo que la profunda y autentica preocupación que Germán me confesó con respecto a la proporción de las manos con respecto al rostro merece el reconocimiento de por lo menos un padre adoptivo o un amante devoto. Tan pronto el tinto se acabó, guardo el vaso plástico en su maleta azul ya desteñida, y sin decirnos nada mas, el se retiró a solucionar su contratiempo con las proporciones, y yo me acuclillé para cambiar de postura.

Al cabo de un rato decidí cambiar de sitio con el propósito de interferir la ruta de un camión recolector de basura que desprevenidamente se dirigía hacia Germán y su “Hembra”, cogiendo la patineta verde por un momento, hice una más que humilde barricada y le señale al conductor que se cambiara de carril, quizá todo producto del encantamiento en el que me encontraba en ese escenario, el conductor respetuosamente cambió de carril mientras me gritaba sonriendo “No me vaya a rayar el carro”. Tomando las últimas fotos con la cámara de mi celular, al cabo de otra hora me acerqué a la lata que resguardaba una recompensa en mi opinión insuficiente, y aún así, aparentemente justa para él, deposité mi aporte y me dirigí una última vez hacia este hombre que aprovechando la prisión que a veces puede ser una ciudad, convierte cualquier superficie en algo que al verlo regala una sensación de libertad y una duda con respecto al cómo alcanzarla.

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Él mientras me veía acercarme, evasivamente aprovechó el tiempo que me tomaría llegar hasta él para completar una sombra del rostro. Le agradecí por permitirme tomar algunas fotos y tener una conversación conmigo, le pregunté si siempre trabajaba con tiza y me confesó que la tiza no se le daba bien, y que sus preferidos eran los acrílicos.

Le comenté que mi impulso hacía adquirir y coleccionar libros me había llevado a guardar unos libros de arte que coincidencialmente completaban la colección de libros de los que él ya poseía uno, le insinué si le molestaría que se los regalara y que me sentiría valorándolos de mejor manera si se los daba a él.

-Brother, es Arte, por que habría de molestarme- fue lo que me respondió.

Ambos reímos, intercambiamos nombres y acordamos en encontrarnos al día siguiente sobre La Séptima y tomarnos otro tinto, me aseguró que no cree que haya alguien que no sea capaz de dibujar, sino que para él son los materiales los que no concuerdan con el trazo de uno, de forma que me alentó a seguir intentando encontrar mi material.

Estrechamos las manos mientras nos dábamos las gracias y nos despedimos, mientras retomaba mi camino tuve la necesidad instintiva de llevarme la mano que había estrechado con Germán a la mano y oler una vez más ese polvo de tiza y cemento.

El siguiente día llegué alrededor de las 10:00am a nuestro inexacto punto de encuentro ya que el día anterior me hizo saber que le tomaba cerca de siete horas terminar un proyecto y que empezaba generalmente a las 11:00am. Después de dar cuatro recorridos completos a La Séptima tenía que seguir con mi día, y sin haber encontrado a Germán sentí una vaga preocupación al ser consciente de la realidad que acecha a los habitantes de la calle en Bogotá, percibí un muy palpable respeto y cariño hacia este personaje que me enorgullecería poder concebir como un amigo mío, solo por un día. Al final de mi última caminata conté siete dibujos más que aun se resistían al viento y al olvido, y aferrados al cemento, mostraban las huellas de Germán en Bogotá, y en mi recuerdo.

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Pensar en la cantidad de veces en las que la Calle Real ha sostenido efímeramente historias como las de Germán me hace preguntarme sobre la variabilidad de conceptos como el bienestar, la comodidad, la entrega, la pasión y la libertad. Mientras me siga preguntando sobre todo esto seguiré el modelo de búsqueda de Germán para encontrar mi material.

La Séptima realmente es la Calle Real, llena de tantas realidades, que en mi mente siempre mantendrá algo de surreal. Incapaz de comprender como de entre un flujo incesante de pies que erosionan y polvo que se acumula, surgen imperturbables personajes como La Lechera de Vermeer, y La Mona Lisa de da Vinci que nos acompañan con una sonrisa en una complicidad silenciosa que ya sin importar si es La Gioconda de Leo o La Hembra del billete, nos recuerdan a todos que no solo estamos en La Séptima, sino que somos La Séptima.

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Camilo López Aguirre