Los escenarios de la justicia en el cine: El caso McQueen-Fassbender

por Camilo López Aguirre

En el mundo cinematográfico recurrentemente surgen relaciones simbióticas entre directores y actores que a través de los años maduran, envejecen, se divierten, y sobre todo nos sorprenden. Casos como estos podemos resaltan de primera mano los de Tim Burton y Johnny Deep, y el de Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio, pero en este caso quisiera señalar una que me ha resultado particularmente beneficiosa para mi ocio, esta es la de Michael Fassbender y Steve McQueen.

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Esta saltó de manera especial a la luz del público después de la temporada de premiaciones cinematográficas de este año en las que como es sabido para muchos, “12 Years a Slave” fue la película que más reconocimiento obtuvo. Película dirigida por Steve McQueen, director británico de 44 años que le brindó a Michael Fassbender uno de los papeles mejor interpretados en mi opinión personal de su carrera, el esclavista y evangelizador Edwin Epps.

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Al terminar de ver esta película reconocí a Fassbender como uno de los mejores actores europeos contemporáneos de los que he visto (que fuera de sus papeles más comerciales en películas como la saga de X-Men, Prometheus y 300) me ha brindado momentos muy agradables sentado en el sofá detrás de la pantalla viendo películas como “Inglourious Basterds”, “The Counselor” y “A Dangerous Method”. Sin embargo fuera de todas las anteriormente mencionadas hay dos producciones en las que él desempeñó el papel principal, las cuales (sin mayor sorpresa) resultaron ser resultado de esta simbiosis McQueen-Fassbender, estas producciones son “Hunger” (2008) y “Shame” (2011).

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En “Hunger” haciendo uso de la tradición irlandesa de Fassbender McQueen retrata la historia de un líder comunitario (Bobby Sands) que inicia un movimiento de protesta en una prisión de Irlanda en la que un grupo de prisioneros miembros del I.R.A (por sus siglas en inglés “Irish Revolutionary Army”) entran en una huelga de hambre reclamando a la corona inglesa estatus de prisioneros políticos.

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Por otra parte “Shame” relata la lucha personal de un ejecutivo bien acomodado adicto al sexo (Brandon), lucha que lo lleva a una vida solitaria alejada de cualquier conexión humana como resultado de su autocrítica y reconocimiento de su adicción como algo de lo cual debe avergonzarse profundamente. Esta sensación autodestructiva entra en conflicto cuando las pocas relaciones sociales que sostiene lo llevan a chocar contra al libre albedrío humano.

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Fuera de entrar en detalle en los argumentos de estas tres películas las cuales recomiendo fuertemente para ser vistas, me gustaría enfatizar en una línea de pensamiento que sin importar si solo hace sentido para mi, vale la pena mencionar. Los tres papeles de Fassbender retratan en tres marcos diferentes, una de las condiciones más inherentes de la experiencia humana, la lucha por el sentido personal de justicia. De esta forma en el papel de Bobby Sands, Fassbender construye un primer escenario en el que la búsqueda de justicia se centra en enfrentarse a un actor externo (en este caso en un marco político) buscando la retribución de un sentido de justicia de nación.

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En un segundo momento, Brandon nos envuelve en la lucha ética y moral en la que un adicto al sexo se cuestiona así mismo a tal punto que la aceptación de la moral de terceros es un reflejo de su propia aceptación como individuo (justicia dentro de un marco individual). En “Shame” McQueen nos presenta un Fassbender que a través de un sentido egoísta de justicia, simultáneamente se vuelve víctima y victimario de sí mismo como resultado de la influencia de un personaje etéreo en la vida en sociedad, la presión social.

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Para finalizar, en la producción más reciente se nos presenta un Fassbender que transgrede él sentido de justicia social dentro de una plantación esclavista haciendo uso de herramientas religiosas y tradicionalistas (marco social y religioso de la justicia), que aunque el personaje pueda llegar a mostrar ciertos momentos de duda y ambivalencia, su lucha se centra en someter los derechos de un grupo de esclavos afroamericanos, consecuencia de una angustia por conseguir su propio sentido de justicia, basado netamente en el mero hecho de negar la justicia a otros.

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En resumen, la simbiosis McQueen-Fassbender es una relación que sus productos cinematográficos son bastante degustables, tanto a nivel individual entregándose a la lógica de cada película, como a tratar de seguir un hilo conductor que a través de estas películas, nos enseña a rechazar y a identificarnos en esa balanza erráticamente equilibrada que es la justicia.

Camilo López Aguirre

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